26 de febrero de 2013

El Lápiz Armando, alias "Stylus Delineatorius"

Ciertamente en Pencilvania estamos bastante acostumbrados a observar muchos y variados lápices, pero el que presentamos hoy es un tanto, digamoslo así, peculiar.




Acaba de llegar a nuestra colección y ya está "armando" jaleo, pues ¿alguien ha visto alguna vez un instrumento de escritura que pueda llamarse indistintamente lápiz, lapicero, lapicera, portaminas o lápiz mecánico y referirse con la misma precisión a la misma cosa?.

Nosotros no nos lo creíamos hasta hace unas semanas...

Señoras y señores, con todos ustedes, el "Lápiz Armando".



No sabemos quien vio la luz a la hora de fusionar en un objeto tan aparentemente trivial las reivindicaciones de los partidarios de los tradicionales lapiceros de madera (wood-cased pencils) y las exigencias de los más sofisticados usuarios de los portaminas (mechanical o propelling pencils).

La verdad es que la relación entre estos dos tipos de lapiceros empezó con pocos lazos de cordialidad. Retrocedamos un poco en el tiempo para entrar en antecedentes.

Se suele citar al londinense Sampson Mordan y al maestro relojero James Bogardus como los pioneros de los lápices mecánicos o portaminas. El primero patentó en 1822 su "ever-pointed pencil" y diez años más tarde, al otro lado del Atlántico, el segundo registró su "forever pointed pencil".

Retrato de James Bogardus. Wikipedia.

Esquema del primer "Mordan". Wikipedia.

Tres ejemplares de los primeros lápices mecánicos. Foto: rubylane.com

Al principio parecían más bien objetos de joyería, pesaban bastante, la mina no quedaba muy bien sujeta y no eran lo suficientemente adecuados para largos períodos de uso, sin contar con que eran verdaderamente caros, algunos de ellos elaborados incluso de oro o/y plata.





Por supuesto que tenían también interesantes ventajas, pues, por una parte, no había que "perder" tiempo en afilarlos, pudiendo prescindir en consecuencia de la navaja o sacapuntas a la sazón y, por otra, se podía usar toda la mina hasta el final sin necesidad de utilizar extensores u otros adminículos parecidos. Estos eran los puntos fuertes de los novedosos "mechanical" o "propelling" pencils, y en ellos se basaron para competir con los "ordinarios" lápices de madera.

Al principio, las grandes empresas lapiceras no tomaron muy en serio estos artilugios, sin embargo, con el advenimiento de nuevos materiales sintéticos derivados del petróleo, unido al avance de la tecnología productiva, el asunto cambió significativamente, pues la industria ya estaba en condiciones de poder fabricarlos más ligeros, precisos y... baratos.

Foto tomada de eBay
Foto: "Pencils"- Mostre Giorgetti, Marco Ferreri (Corraini Editore)
Foto: audiokarma.org























"Si no puedes con tu enemigo únete a el", y eso es lo que hicieron las grandes marcas, que pasaron a diversificar sus productos y a crear sus propias gamas y series de lápices automáticos.


Hasta aquí algunos trazos históricos sobre el devenir de los "mechanical" o " propelling" pencils (aún hay más terminología al respecto usada por los especialistas en este tipo de lapiceros, cada una con sus matices, como por ejemplo: Ever-Sharp pencil, Leadholder, Clutch pencil, Automatic pencil, etc). Se puede visitar la siguiente página si uno quiere abundar en ellos: davesmechanicalpencils .

Volviendo a nuestro tema principal, que mejor idea que intentar combinar las ventajas de unos y otros tipos de lapiceros y paliar los inconvenientes más fastidiosos:

  • Un lápiz común, con el agradable olor de la madera de cedro, con el tacto y peso adecuado y que, asombrosamente, no necesita sacapuntas!!!.
  • Un portaminas que aprovecha al máximo las barritas, de mecanismo simple pero eficaz y que además permite conocer el estado de uso en que se encuentra. Nada de pesados y antiestéticos artilugios que a veces se confunden con los bolígrafos!!!
Puesto que estamos en tiempos de crisis, vamos a ahorrar más de12.000 palabras con esta docena de imágenes. Estamos plenamente convencidos que quedará todo comprendido. Observen:


 1.- SU ASPECTO GENERAL 



2.-  SUS CREDENCIALES



3.- SU INTERIOR



4.- LA CLAVE DE SU FUNCIONAMIENTO



5.- LA SIMPLICIDAD DE SU SECRETO



6.- INSERTANDO LA ANILLA



7.- BASTA CON DESLIZAR LA ANILLA A MEDIDA QUE SE GASTA LA MINA



8.- DETALLE DE LA FIJACIÓN Y EL CANAL DONDE VA LA MINA



9.- REFUERZOS METÁLICOS INTERNOS FIJAN LA MINA CERCA DEL PUNTO CRÍTICO



10.- EL AJUSTE DE LA MINA EN LA PUNTA ES SIMILAR A LOS LÁPICES DE MADERA



11.- AUNQUE POR LA OTRA PARTE SE DESCUBRE SU SINGULARIDAD...



12.- ...QUEDA MUY BIEN ENTRE SUS PARIENTES MÁS CERCANOS



Realmente, estaríamos más satisfechos si hubiéramos aportado algunas notas acerca de la verdadera utilidad y prestaciones del "Lápiz Armando" para concluir su presentación, pero nuestra faceta de coleccionistas no nos ha permitido tal deseo. 

No obstante, vamos a suponer que tal modelo hubiera tenido unos estándares aceptables de calidad y que se hubiese hecho un hueco entre el competitivo mercado de los lapiceros y portaminas. La cuestión hubiese sido bastante seria: reducción en el consumo de madera, materiales sintéticos y metálicos empleados en la fabricación de lápices y portaminas; disminución en las ventas de sacapuntas, minas que son empleadas hasta el final... . 

Tal vez sea algo exagerado - lo es -, pero una globalización del concepto que representa el "Lápiz Armando", después de una primera fase de éxito y admiración, habría acabado por generar suficientes conflictos en otros ámbitos de la industria, del mercado de las materias primas y, finalmente, en la cifra de ventas de las grandes multinacionales del lápiz. 

Abusando un poco - bastante - de la imaginación, tales efectos sobrevenidos nos traen a la memoria el argumento de la película "The man in the white suit" (El hombre del traje blanco -1951 -), dirigida por Alexander Mackendrick, donde el protagonista Sidney Stratton, "genial" inventor de un tejido irrompible y que no se mancha, acaba siendo denostado tanto por la industria textil como por la fuerza laboral que ve peligrar sus trabajos. 

Cartel de la película. Foto: filmaffinity.com


En Pencilvania nada sabemos acerca del ocurrente inventor que patentó este ecléctico lapicero-portaminas. Tal vez se llama - o llamaba - Armando y se está riendo ahora mismo de nuestra ignorancia!?. A lo mejor fue comprada su patente, o no encontró suficiente financiación para promocionar la innovación, o no era técnica o estéticamente aceptado por la nutrida pléyade de artistas, dibujantes, arquitectos y demás usuarios de lapiceros, quien sabe... .

Si alguien pudiera aportar alguna información al respecto estaríamos encantadísimos de conocer algo más que lo que hemos podido averiguar a través de su observación detallada, aderezada con un poco de historia y un tanto más de sutiles elucubraciones.

 



Nada más por esta quincena, nos despedimos, como no, con nuestro querido "Lápiz Armando", alias "Stylus Delineatorius". ¡Ale, ahora ya es más católico después del bautizo!.



Hasta pronto.

Steve Simon

(Desde aquí queremos dar las gracias por su amabilidad y disposción a D. Javier Gómez Marín, la persona que nos suministró este lapicero tan especial. Tiene miles de objetos de colección. Si alguien quiere pasearse virtualmente puede visitar su espacio:  Amecameca)

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